29 Diciembre 2006
20 Octubre 2006
13 Octubre 2006


El asesinato del camarógrafo estadunidense Bradley Roland Will, el viernes pasado en Oaxaca, desató por fin el sentido de urgencia del Presidente Fox, ahora intenta poner orden en aquella entidad.

Así pues, este domingo entró en acción la Policía Federal Preventiva, con un despliegue de más de 5 mil efectivos, con todo y el estreno de las tanquetas antimotines. Si bien la incursión parecía ofrecer un escenario mucho más sangriento, ese domingo no fue tan terrible como se imaginó.

En realidad lo más duro de la semana ha sido el enfrentamiento por la recuperación de la Universidad, en donde los de la APPO sí han ofrecido resistencia. Incluso la PFP se replegó ante la feroz respuesta de los inconformes. Aquí el saldo ha sido de varios heridos, entre ellos tres fotógrafos alcanzados por un petardo.

En este marco, desde hace varias semanas se encuentra por allá lo mejor de nuestros fotoperiodistas mexicanos. La naturaleza placable de un fotoperiodista es instintiva, desde lo más profundo de nuestro ser, somos adictos a los sitios en donde hay problemas, caos, 
adrenalina, peligro y, por ello, imágenes fuertes. Nada se le compara a un escenario tan incierto como este.

Y aunque México es el segundo país de América Latina más peligroso para ejercer el periodismo ?según organismos internacionales?, nada detiene a los profesionales. Ahí están, entre otros, Oswaldo Ramírez (por cierto, herido de bala el mismo día que murió Roland Will), Jesús 
Quintanar y Arturo Bermúdez, de MILENIO; Raúl Estrella de El Universal; Miguel Dimayuga, de Proceso; Daniel Aguilar, de Reuters; Eduardo Verdugo, de AP; Fernando Castillo, de Mic Photo Press; Gustavo Graf, de Bloomberg, y José Manuel Jiménez y Fernando Gutiérrez, de la nueva agencia Factor.

Esta es una gran oportunidad en términos profesionales para esta generación de fotoperiodistas. De cada uno de ellos dependerá el sentido y el enfoque que le den a su trabajo para trascender y comunicar con sus imágenes lo que ha sido Oaxaca en estos días. Si ellos no aspiran a dejar una huella personal en lo que hacen, entonces ¿para qué lo hacen? ¿por obligación? No lo creo.

Estoy seguro que ninguno está ahí contra su voluntad, por el contrario, me cuentan, por ejemplo, que Alejandro Meléndez, fotógrafo de Excélsior, viajó a Oaxaca por 24 horas en su día de descanso, sin viáticos ni nada. Eso es convicción, valentía y pasión por este trabajo. A todos mis colegas en Oaxaca la recomendación de siempre: cuídense mucho.

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