“Lo que convierte a un fotógrafo en periodista es su ética. Si uno cuenta historias falsas ya no puede llamarse fotoperiodista”. Con esta frase arranca el libro La mirada y la memoria, de fotoperiodistas ecuatorianos. Se trata de una obra muy profesional producida por la editorial Trama, con el apoyo de la Fundación Símbolos de Libertad del Ecuador.
Hace unos días recibí en México uno de los primeros ejemplares de este magnífico documento visual. Una buena amiga ecuatoriana, María Fernanda Cedeño, a quien conocí en 2003 en Guayaquil durante un taller con Susan Meiselas de la agencia Magnum, me lo ha enviado.
En aquel taller, organizado por la Fundación Nuevo Periodismo de García Márquez, donde nos encontramos varios fotoperiodistas latinoamericanos, tuve la oportunidad de conocer el trabajo de los fotógrafos de la región. Sin duda hay talento en el continente, pero lo que nos sigue faltando son precisamente este tipo de proyectos que promuevan y documenten el trabajo de los profesionales.
Este nuevo libro reúne alrededor 200 imágenes que recorren 130 años de la fotografía en el Ecuador. Desde 1875 hasta 2005. Ahí están las imágenes de Pablo Corral, quien trabaja en National Geographic. Podemos ver también los trabajos de José Alvarado, Santiago Andrade, Dolores Ochoa, Carlos Barros, Lalo Calle y Benjamín Chambers, entre decenas de profesionales de casi todos los diarios, agencias y revistas del periodismo ecuatoriano.
Aquí encontraremos imágenes de temas, motivaciones y personajes muy diversos, como las ridículas escenas de aquel presidente que cantaba con modelos, Abdalá Bucaram. Una excelente imagen de Jorge Vinueza de un avión que se salió de la pista en el aeropuerto de Quito. Sin dejar de lado el registro del rostro indígena que le da identidad a aquel país.
Este libro, concebido por Galo Khalifé y Francois Laso, merece ser visto y leído con la sensibilidad desprovista de ataduras para que pueda cumplir su misión. Como lo expresa Roberto Rubiano en uno de los textos de esta edición: “Quizá no encontremos en este libro imágenes para la historia de la fotografía universal, pero en conjunto son un gran retrato del país que vivimos. Un retrato al servicio de la memoria colectiva. Y eso ya es bastante”.
Ojalá en México alguien se preocupara por editar en serio nuestra propia memoria visual, como ya lo han hecho en el Ecuador.
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