Lugar sagrado del Tibet. Alrededor de 700 monjes habitan este poblado que nace a los pies del Himalaya a más de 3 mil metros de altura cerca del “techo del Mundo”. Atmósfera que transporta a un pasado remoto donde la búsqueda de sentido sólo es posible ubicarla en las potencias superiores de la naturaleza. Una cultura con 2,300 años de historia y que recorre caminos que van de China a Birmania, pasando por Bhutan, India y Nepal. Un sitio que reparte magia y leyenda, rito y creencia; los primeros pobladores, dicen, fueron un mono y una diablesa.
El Universo y su naturaleza son los únicos acompañantes en esta aventura humana que nace de rezos, muere con la oscuridad y vuelve a ser sólo en los elementos rítmicos que conjugan, fuego, tierra, agua y viento.
Shangri-La, sabe a frío y huele a verde, su sol no calienta, su cielo azul recorta las montañas rumbo al Himalaya y su noche además de húmeda se estrella en un cielo negro e infinito donde de vez en vez se parte la nocturnidad con estrellas fugaces.
El Monasterio enclavado en la montaña más alta de Shangri-La irrumpe como un lugar que impone devoción. Se compone de un templo principal que asemeja al Potala, centro ceremonial de la capital Tibetana. En voz de uno de los monjes del lugar, de los 6,200 monasterios que existían en algún tiempo en el Tibet, hoy sólo existen 14, este, el de Shangri-La es uno de los más grandes y mejor conservados.
Por Ulises Castellanos |